Yoga

Comencé hace tiempo a interesarme por la sanación y el bien que nos hace el movimiento en sí. De hecho incluso en la formación en el Ashram en mi libreta personal ya hablaba del “movimiento natural” de la propia exploración y de lo sanador que es el movimiento espontáneo. Y es que, el movimiento nos hará libres en muchos y diferentes aspectos.

Por lo que, sí, mi práctica de yoga ha cambiado mucho desde el 2019 y siento que para muy bien.

Me formé como instructora de yoga en Shivalaya Ashram (https://shivalayayogaashram.com/ ) en Begnas Lake, Nepal, en el año 2019. Esta formación fué pura casualidad. 

Aterricé en Madrid en las navidades del 2018 para disfrutarlas con la familia después de vivir durante casi dos años en Buenos Aires. Y sería el espíritu navideño o la morriña de andar 20 años fuera de Madrid, que decidí quedarme cerca de la familia. Pero antes de ubicarme del todo, quise hacerme un viaje de varios meses. 

Me fuí a India el 2 de enero. Allí visité entre otros lugares Mysore, la cuna del Yoga Ashtanga que me había robado el corazón el tiempo que viví en Buenos Aires aunque viviendo en Barcelona años atrás, el yoga ya había llamado a mi puerta.

Todo esto para llegar a la pregunta que me hice a mitad del viaje por India ¿Y si me regalo la formación de profesora de yoga? Y así fue.

Eso sí, la realicé en Nepal, país que llevo en mi corazoncito.

Empecé con el 200 horas Teacher Training. Curso básico para comenzar a dar clases de yoga. Sinceramente siento que esta única formación es un poco escueta para lanzarte a dar clases. Yo al menos así lo sentí. No tenía ninguna confianza en mí como profe solo con ese curso, así que continué con el curso de 300 horas más. Enlacé uno con otro en el mismo Ashram y…Aquel curso de 300 horas me mostró el mismo día de comienzo que el anterior había sido una pincelada de lo que el yoga puede llegar a ser en el cuerpo, la mente y el viaje emocional que me esperaba.

En total fueron más de dos meses (500 horas en total de formación en yoga asanas, meditación, filosofía, ajustes corporales y mantras) pseudo encerrada en un ashram con horarios que comenzaban a las 4:30 am y terminaban a las 21:00 pm.

Agotador y un reto para la cordura en algunos casos. Muy exigente y, por qué no decirlo ¡Muy divertido! porque si algo me gusta, es poner a mi cuerpo y mi mente en retos. Amo descubrir hasta dónde podemos llegar. 

Y con el yoga, podemos llegar muy lejos dentro de una misma.

En el año 2021 sentí que necesitaba cumplimentar mi formación de yoga con más conocimiento sobre biomecánica y el “por qué” de las cosas que le pasan a nuestro cuerpo en movimiento.

Practicando yoga me lesioné en India. Echar la culpa al yoga no sería justo. Diré que un desconocimiento por mi parte de cómo incide el “mal” movimiento o movimiento incorrecto en nuestro cuerpo y una exigencia desmedida por parte de los instructores (y también mi autoexigencia, no lo negaré) me llevó a hacerme daño en un hombro y más adelante en un isquiotibial. 

Consecuencia: Quería saber exactamente el por qué había ocurrido y prevenir posibles lesiones en mi cuerpo y por supuesto en el de mi alumnado.

Me formé en movilidad aplicada al yoga a lo largo del 2021 en el Zentro Urban Yoga de Madrid.

Además de ayudarme a crear clases mucho más diversas e integrales corporalmente hablando, me abrió un mundo más amplio: el de la ciencia del movimiento corporal.

La importancia de un buen cuidado de nuestras articulaciones así como la conexión del sistema musculoesquelético.

He de reconocer que en algunos casos me han contratado para hacer clases particulares de yoga personas mayores, es decir, entre los sesenta y setenta años, y hemos realizado puras clases de movilidad para recuperar el rango de movilidad en articulaciones como los hombros, las calderas o las muñecas que habían perdido por una vida sedentaria y el paso de los años. Pero esto no se lo digas a ellos…

Coach Integral

Me formé como instructora de yoga en Shivalaya Ashram (https://shivalayayogaashram.com/ ) en Begnas Lake, Nepal, en el año 2019. Esta formación fué pura casualidad. Aterricé en Madrid en las navidades del 2018 para disfrutarlas con la familia después de vivir durante casi dos años en Buenos Aires.